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Patria

La patria no entiende de covid. Patas en las calles, barbijos sudados.  ¿Qué puede saber un virus de la historia de un país? ¿Qué puede movilizar a tantos seres humanos? (ya veo venir los chistes de panchos, choripanes y coca). ¿Más allá de eso, qué es lo que nos mueve como argentinos? ¿A caso la memoria y la justicia son más importantes que nuestra propia salud? La muerte existe cuando dejamos de recordar, si olvidamos, olvidamos nuestro camino y no hay justicia. ¿Qué sabe un virus de los treinta mil? ¿Qué sabe un virus de patria? Ni los virus ni los políticos saben de patria.  Más sabe el pueblo, que al fin de cuentas, elige.  Un pueblo arriesgado y solidario que patea por la memoria.

ARGENTINES

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De política, religión y futbol NO SE HABLA. Nos decían nuestros padres de más de sesenta. Así esta de roto el mundo por los que no hablan. ¿De qué quiere hablar el argentino? ¿De culo, pija y caca? Porque ante el mínimo asomo ontológico del lenguaje en una conversación entre pares aparecen los reproches, aparecen los fanatismos sin sentido hacia figuras militares, millonarios (actores políticos) que no son más que personajes de un escenario que se va rompiendo cada vez más y donde su tasa de pobreza crece sin parar.  Que el lenguaje no nos destruya, que nos construya.

Tortas Fritas

                                             Desde el patio delantero, regando las plantas que nunca florecían en su tierra, Rosa vio por la ventana como Walter salía por tercera vez   de la piecita de la nena alineando sus cabellos con el peine que llevaba siempre en el bolsillo delantero de la camisa. Soltó la manguera, tiró las semillas de calabaza y tomate que tenía en la mano, y cerró la canilla. Corrió la cortina de la pieza y vio a   su hija   parada frente a la cama. -Vení, Romi. Vamos   a hacer torta frita- Le dijo la madre agitando un trapo repasador. La niña la miró sin respirar, se colocó el corpiñito, se peinó tirándose los pelos hacia atrás y se puso la remera con el dibujo del Circo de Panam . Quedaron una al lado de la otra frente a la mesa de mader...

AVE

     La humedad   penetraba todo: la veía en el asfalto mojado, en mi respiración, los edificios   que se descascaraban, como si estuvieran sudando y en los vientos calientes que despedían los aires acondicionados. Veía personas que, caminaban tomadas de una soga invisible,   que permanecía atada en las puertas de sus casas, y que avanzaban     por el impedimento de la saturación del clima. Caminé por Scalabrini Ortiz, yo también tomado de mi soga, amigándome con las gotas de sudor que recorrían mi espalda, como un manantial. Y me faltaban más de siete cuadras aún, cuando pensé en mudarme a un lugar donde hiciera frio todo el año, o no existiera el sofocamiento.   Observé al instante que la gente que me cruzaba me miraba frunciendo el ceño y murmurando por lo bajo cómo era posible que fume con el calor que hacía. Y fumé igual. No podía evitar pensar, además, que el humo de mi tabaco encendido también tenía una soga de la cual estaba atado y...

BOLSA

        Josefina siempre había sido una jovencita de quince años capaz de todo: sacar buenas notas, hacer buenos amigos, ser la novia ideal y la hija con el futuro prometedor; Pero nadie conocía su lado más oscuro. Llegaba del colegio a las dos de la tarde, pasaba por la panadería, compraba el almuerzo y hasta las seis de la tarde estaba sola en el departamento de Av. Callao y Sarmiento. Se la pasaba con los auriculares inalámbricos puestos, se masturbaba cuatro veces al día porque no podía saciar su sed de sexo y hasta había llegado a pensar que estaba enferma o que tenía un trastorno obsesivo compulsivo aun sin saber qué significaba eso. Para calmar su estado mental había conquistado a Federico, el hijo mayor de un matrimonio amigo, que le llevaba diez años y lo invitaba a merendar su propio cuerpo hasta que el joven no tuviera más energía. También lo había hecho con el hijo del matrimonio del cuarto piso, un adolescente en pleno desarrollo que le seducía su inte...

VIENTO

                       Mi sobrino Milo no me lo contaba, pero yo lo sabía al verlo cada vez que se levantaba por la mañana y se sentaba a desayunar: desde que era un bebé soñaba con su madre, la veía vestida de plumas, volando en medio de un cielo blanco sin nubes y sin celeste con alas infinitas. La observaba desde aguas que cambiaban su color a cada instante, ella le tendía la mano, le sonreía y cuando lo estaba a punto de llamar por su nombre, el cielo tenía nubes oscuras, las plumas se le caían del cuerpo y derramaba sangre, y la veía caer lento y desnuda hacia el vacío. Cuando yo le tocaba la cabeza se le olvidaba el amargo recuerdo, y sonreía. Y yo, me la pasaba sintiendo ese sueño en mi cuerpo, parecía que me recorría cada parte de mi cuerpo físico, ahondaba el dolor en mis huesos porque la madre que le faltaba a él también me faltaba a mí. Y resentía. Resentía todo el tiempo. Y nadie sabe lo que es. Volv...

MIERDA

      Q uizás no me crean cuando les cuente cómo me di cuenta que era homosexual. Y sobre todo teniendo en cuenta cómo lo vi, porque fue a través de mi ex novia:   Magdalena Aguirre era una cuarentona que conocí en una fiesta de “solos y solas” a la que me había llevado mi hermano Rubén. Era en el Club Palermo, ahí por Borges y Avenida Santa Fe, por supuesto estaba lleno de personas que cuando las vi pensé que más que solas físicamente, lo estaban en su interior. Había accedido a ir después de cancelar varias veces para quedarme viendo los documentales de History Channel, la Historia de Europa, los Caballeros Templarios, tres masturbaciones al hilo y sueño profundo de fin de semana. Pero esa vez fue diferente porque no tenía luz en casa, ni gas, ni nada que me encerrara en el invierno de Julio. Me quedé en la barra para pedir una copa de vino blanco cuando se me acercó sonriendo y tocándome el hombro. -       Estoy sola, estás solo. ¿Po...