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BOLSA

        Josefina siempre había sido una jovencita de quince años capaz de todo: sacar buenas notas, hacer buenos amigos, ser la novia ideal y la hija con el futuro prometedor; Pero nadie conocía su lado más oscuro. Llegaba del colegio a las dos de la tarde, pasaba por la panadería, compraba el almuerzo y hasta las seis de la tarde estaba sola en el departamento de Av. Callao y Sarmiento. Se la pasaba con los auriculares inalámbricos puestos, se masturbaba cuatro veces al día porque no podía saciar su sed de sexo y hasta había llegado a pensar que estaba enferma o que tenía un trastorno obsesivo compulsivo aun sin saber qué significaba eso. Para calmar su estado mental había conquistado a Federico, el hijo mayor de un matrimonio amigo, que le llevaba diez años y lo invitaba a merendar su propio cuerpo hasta que el joven no tuviera más energía. También lo había hecho con el hijo del matrimonio del cuarto piso, un adolescente en pleno desarrollo que le seducía su inte...

VIENTO

                       Mi sobrino Milo no me lo contaba, pero yo lo sabía al verlo cada vez que se levantaba por la mañana y se sentaba a desayunar: desde que era un bebé soñaba con su madre, la veía vestida de plumas, volando en medio de un cielo blanco sin nubes y sin celeste con alas infinitas. La observaba desde aguas que cambiaban su color a cada instante, ella le tendía la mano, le sonreía y cuando lo estaba a punto de llamar por su nombre, el cielo tenía nubes oscuras, las plumas se le caían del cuerpo y derramaba sangre, y la veía caer lento y desnuda hacia el vacío. Cuando yo le tocaba la cabeza se le olvidaba el amargo recuerdo, y sonreía. Y yo, me la pasaba sintiendo ese sueño en mi cuerpo, parecía que me recorría cada parte de mi cuerpo físico, ahondaba el dolor en mis huesos porque la madre que le faltaba a él también me faltaba a mí. Y resentía. Resentía todo el tiempo. Y nadie sabe lo que es. Volv...

MIERDA

      Q uizás no me crean cuando les cuente cómo me di cuenta que era homosexual. Y sobre todo teniendo en cuenta cómo lo vi, porque fue a través de mi ex novia:   Magdalena Aguirre era una cuarentona que conocí en una fiesta de “solos y solas” a la que me había llevado mi hermano Rubén. Era en el Club Palermo, ahí por Borges y Avenida Santa Fe, por supuesto estaba lleno de personas que cuando las vi pensé que más que solas físicamente, lo estaban en su interior. Había accedido a ir después de cancelar varias veces para quedarme viendo los documentales de History Channel, la Historia de Europa, los Caballeros Templarios, tres masturbaciones al hilo y sueño profundo de fin de semana. Pero esa vez fue diferente porque no tenía luz en casa, ni gas, ni nada que me encerrara en el invierno de Julio. Me quedé en la barra para pedir una copa de vino blanco cuando se me acercó sonriendo y tocándome el hombro. -       Estoy sola, estás solo. ¿Po...

NIEVE NEGRA

       - S ombra   que se para delante mío, me mira con sus ojos blancos saltones, su boca, curtida por el viento infernal me penetra el alma. Cierro los ojos y está lejos, parada junto a un árbol. Se sostiene del tronco, se relame los labios y me muestra su lengua cruda. Escucho el sonido de su saliva, el asco me produce piel de gallina. Inmóvil. Cierro los ojos y está otra vez más cerca. Avanza en cada parpadeo que doy y me prometo, desesperada, que no volveré a parpadear, mi boca como una herida cicatrizada. El cielo es negro azabache y me invade como si se fuera a caer sobre mí. Me caen lágrimas   sobre las mejillas que se convierten en nieve, noto que mis manos están atadas sobre mi pecho. Entumecida. La nieve sigue tapándome y atándome al suelo   con raíces esqueléticas.   La sigo viendo y sonríe fingiendo inocencia, sus ojos bobos me aterrorizan. Sus manos blancas como la luz, abren su túnica negra y polvorienta   y veo una sombra ...

LA DAMA DE NOCHE

      M i vieja me dejó la camisa planchada sobre la cama, el pantalón y treinta pesos dentro de las medias negras. “Para que tu papá no se entere”, pensé que me diría, porque yo ya tenía veinte años no estudiaba ni trabajaba. Me bañé rápido, porque el  Colo pasaba a buscarme a las once por la esquina de Brandsen y San Martín. Le saqué un poco de Colber a mi viejo a escondidas porque se enojaba, y mientras me lo ponía me imaginaba siendo el hombre musculoso de la publicidad, con la camisa desabrochada, tirándome la botella de agua encima y mojando todo, y cuando terminaba de guardarlo escuchaba a la locutora diciéndome: “Colber, subraya en cada hombre esa cuerda que lo hace simplemente dueño.”  Sonreía y me iba caminando lento como modelo publicitario hasta que me cruzaba con el espejo de la sala y veía que más que músculos tonificados, era puro hueso y parecía un adolescente en pleno desarrollo. El Colo me esperaba en el fitito de la madre, era color anaran...

CUCHILLO EN LA TIERRA

      D espacio Gregorio se desabrochaba los botones de la camisa del uniforme mientras escuchaba los gritos de siempre. Se quitó el chaleco, lo dejó sobre la mesa de la cocina de anafe, y suspiraba escuchando el eco de los insultos. Apoyó el arma sobre una mesa que se tambaleaba y siguió escuchando los gritos, suspiraba y se lamentaba de vivir siempre la misma situación cuando llegaba a su casa. Se vestía con su musculosa blanca, cortos deportivos, las chancletas de playa y arrastró los pies hasta la bacha. Comenzó a afilar la cuchilla con una piedra, cada vez con más intensidad. –Se la pasa quejándose la yegua hija de mil putas-susurró–.Levantó la vista, cruzó el pasillo empolvado de la entrada, como si fuera un caballo con gríngolas, entró a un cuarto y los gritos cesaron paulatinamente. Salió de allí con el cuchillo envuelto en un trapo, abrió la puerta del cuarto contiguo y no encontró a nadie. -       Papi- El niño estaba detrás de él. ...